¿A la resistencia a la lectoescritura de muchos, con la consiguiente dificultad para el aprendizaje de casi todas las materias?
¿A la hiperconexión que los atrapa restando lenguaje, imaginación, pensamiento crítico y experiencias de real socialización?
Sería mejor pensar en una “nueva normalidad” que nos hiciera revisar qué enseñar, cómo hacerlo, qué y cómo evaluar, y el mejor modo de desarrollar las competencias que el mundo exige.
Quizá una currícula más minimalista, más acotada, sin tanta repetición, para poder así incluir temáticas actuales, donde el cuidado del planeta y de la salud ocupen un lugar preferencial.
Más que TIC
Lo virtual llegó a las aulas para quedarse. Muchos docentes resistentes a las TIC (tecnologías de la información y la comunicación) las aprendieron y las aplicaron. Y en eso no hay vuelta atrás.
Pero cada vez somos más conscientes de que, ante tanta tecnología, hay que responder con una pedagogía que aleje al docente del papel de tecnócrata, para refundar “lo docente” desde la pasión por estar en el aula y por dejar huellas como ninguna pantalla lo logra.
La escuela cobra sentido si abre las puertas al mundo con la intención de cambiarlo, de transformarlo.
Quienes no se pudieron conectar sufrieron un doble aislamiento y nos hicieron ver “sin vendas” el lado oscuro del mundo (no sólo de nuestro país) en sus aspectos no inclusivos e injustos. Para ellos, fueron y son tiempos de invisibilidad y de exclusión. Lo venían siendo.
Para el resto, para quienes no vieron interrumpidos sus aprendizajes en esta pandemia, son tiempos esperanzadores, de reconstrucción, de tejer redes para construir entre todos una escuela llena de sentido.
Será posible si no la dejamos sola. Si toda la comunidad educativa se hace cargo de este desafío, y si el Estado respalda y sostiene la acción.
Hoy, además de los dolores “pandémicos”, el país nos duele y la sensación es que le cuesta ponerse de pie.
Las escuelas, cuidadas y funcionando hasta donde puedan, serán de nuevo el lugar donde niños y jóvenes recuperen aprendizajes, sueños, amigos, sonrisas y sentido de la vida.
Ya comenzaron las clases en muchas escuelas. Renacen esperanzas batallando contra los miedos.
Fuente: La Voz